El sol empieza a iluminar mi mañana, prefiero mirarte a ti. Aún no puedo ver con claridad, pues parece que el astro rey está tímido hoy. Es una pena que no tengas luz propia, pero aún te puedo ver bien. Aún estás libre y...y, ¡caramba! ni siquiera puedes expresarte, aunque quizá sí te expresas, pero yo no te entiendo. Tampoco lo entendí a él, o tal vez él no pudo expresarse. Anoche brillabas, alumbrabas mi camino, ¿él brilló alguna vez?, sí, a veces me pregunto lo mismo, pero sí alumbró mi camino, o mas bien alumbró su camino y yo iba pasando por ahí. La verdad es que al igual que tú, él no tenía luz propia, nunca pudo brillar por sí mismo, pero eso no me importó, nunca se lo reproché.
Empiezas a desvanecerte, te pierdes entre las nubes. Esperaré hasta la noche. Y es que anhelo verte, aunque es mejor verte de mañana, verte cuando ya te vas. Lo mejor de verte ir es saber que volverás, no tienes opción. Sin embargo, él sí tuvo opción y, una vez más, eligió mal, se fue prometiendo no volver.
Pero tú, tú siempre volverás, redonda, y tan blanca o amarilla, como quieras vestirte. ¡Te veo más tarde, luna!
jueves, 21 de abril de 2011
miércoles, 13 de abril de 2011
:(
Hoy me cansé de ti. Y es que no sé si me quieres un poquito al menos. Y es que te quiero demasiado, pero este amor me está haciendo daño y no tengo fuerza de voluntad para alejarme de ti.
Quise que seas la persona especial que mi vida necesita, pero tú nunca te enteraste de esto. Y ahora, ya no sé quién eres, pero sé muy bien quien quiero que seas.
Pienso que eres demasiado egoísta para darte cuenta que estoy pensando en ti, demasiado ególatra para fijarte en mi sufrimiento.
Ya perdí la cuenta de cuántas veces me has fallado. Tú nunca lo supiste, pero yo confiaba en ti, creía en ti. En realidad, no he dejado de creer en ti, aunque ahora diga que no creo en nadie. Sigo esperando las migajas de tu buena voluntad. Porque creo que la buena voluntad vive en ti, quizás oculta, pero existe.
No intento llamar tu atención desde aquí, quizá nunca leas esta entrada, ya qué más da.
Quizá nunca entiendas lo mucho que te quiero. Quizá nunca sepas lo mucho que hice por ti. Todo lo que hice para que correspondieras este amor, pero no lo he conseguido, y, al parecer, el lugar que quise para mí ya está ocupado.
Tal vez deba dejar de pensar en ti. Quizá deba dejar de ver tu nombre en mi celular o buscarte en el msn, debería borrar los pocos recuerdos que me persiguen desde la lejanía. Hoy me cansé de ti.
Mañana...volveré a buscarte.
Quise que seas la persona especial que mi vida necesita, pero tú nunca te enteraste de esto. Y ahora, ya no sé quién eres, pero sé muy bien quien quiero que seas.
Pienso que eres demasiado egoísta para darte cuenta que estoy pensando en ti, demasiado ególatra para fijarte en mi sufrimiento.
Ya perdí la cuenta de cuántas veces me has fallado. Tú nunca lo supiste, pero yo confiaba en ti, creía en ti. En realidad, no he dejado de creer en ti, aunque ahora diga que no creo en nadie. Sigo esperando las migajas de tu buena voluntad. Porque creo que la buena voluntad vive en ti, quizás oculta, pero existe.
No intento llamar tu atención desde aquí, quizá nunca leas esta entrada, ya qué más da.
Quizá nunca entiendas lo mucho que te quiero. Quizá nunca sepas lo mucho que hice por ti. Todo lo que hice para que correspondieras este amor, pero no lo he conseguido, y, al parecer, el lugar que quise para mí ya está ocupado.
Tal vez deba dejar de pensar en ti. Quizá deba dejar de ver tu nombre en mi celular o buscarte en el msn, debería borrar los pocos recuerdos que me persiguen desde la lejanía. Hoy me cansé de ti.
Mañana...volveré a buscarte.
miércoles, 6 de abril de 2011
Aceptando la feliz realidad
He aceptado mi triste realidad: soy una mala persona.
Pero hoy debo aceptar una muy feliz realidad: ¡Dios me ama así!
Sé que soy mala, pero también sé que Dios puede transformar mi malo e insensible corazón en uno de carne, que se sea sensible a su voz. Un corazón conforme al corazón de Dios. Un corazón agradable a Él.
Dios me ama, Él sabe que soy mala, pero su amor es más grande que mi maldad, es más grande que mi insensibilidad.
Por todo esto, hoy decidí mirar a AQUÉL que nunca me humillará, a AQUÉL que ha confiado en mí, y, aunque le fallé, está dispuesto a confiar en mí de nuevo.
Dios, heme aquí, soy barro, se Tú mi alfarero.
Él ha puesto sus ojos sobre mí, quiero mirarlo sólo a Él.
Pero hoy debo aceptar una muy feliz realidad: ¡Dios me ama así!
Sé que soy mala, pero también sé que Dios puede transformar mi malo e insensible corazón en uno de carne, que se sea sensible a su voz. Un corazón conforme al corazón de Dios. Un corazón agradable a Él.
Dios me ama, Él sabe que soy mala, pero su amor es más grande que mi maldad, es más grande que mi insensibilidad.
Por todo esto, hoy decidí mirar a AQUÉL que nunca me humillará, a AQUÉL que ha confiado en mí, y, aunque le fallé, está dispuesto a confiar en mí de nuevo.
Dios, heme aquí, soy barro, se Tú mi alfarero.
Él ha puesto sus ojos sobre mí, quiero mirarlo sólo a Él.
sábado, 2 de abril de 2011
Aceptando la triste realidad
Y cuando me di cuenta, soy una insensible. Es demasiado tarde para intentar sentir algo que sea diferente a este maldito egoísmo.
Caí en la cuenta que soy una mala hija, una mala estudiante, mala...mala persona.
Todo fue muy repentino. De pronto lo tenía frente a mí, regañándome, humillándome. Estaba llena de ira, de cólera, no podía sentir otra cosa...de pronto me fui y entonces, mi alma se entristeció. Mi corazón se retorcía de dolor en medio de un charco de lágrimas. Pero llegué a la triste conclusión de que él tenía razón: soy egoísta, irrespetuosa, mal educada...mala persona.
Caí en la cuenta que soy una mala hija, una mala estudiante, mala...mala persona.
Todo fue muy repentino. De pronto lo tenía frente a mí, regañándome, humillándome. Estaba llena de ira, de cólera, no podía sentir otra cosa...de pronto me fui y entonces, mi alma se entristeció. Mi corazón se retorcía de dolor en medio de un charco de lágrimas. Pero llegué a la triste conclusión de que él tenía razón: soy egoísta, irrespetuosa, mal educada...mala persona.
sábado, 26 de marzo de 2011
Te tuve tan cerca, pero estuvimos lejos
Hoy te vi, estabas más delgado que antes, quizá el trabajo, pensé, pero no pude evitar preguntarme si estarías enfermo.
Estabas a punto de cruzar la pista, esperé tranquilamente, me pregunté si de verdad quería verte y si quería que me vieras. Entonces, firmemente me dije: SÍ, claro que quiero verlo, definitivamente SÍ.
Cruzaste la pista y yo te esperaba para darte un abrazo, queria extender mis brazos y apachurrarte, pero llegaste a donde yo estaba y...te di un beso en la mejilla y un simple "hola" salió de mis labios. Mis brazos se desaparecieron.
Hasta ahora me pregunto porqué no pude abrazarte. ¿Temor?, es la respuesta más cercana, pero la más tonta también, pero sí, creo que fue temor, temor a que tú no respondieras ese abrazo, temor a que no te diera tanto, gusto como a mí, vernos después de tanto tiempo.
- Es el destino - dijiste sonriente.
- Sí, quizás - respondí, aunque yo no creo en el destino.
Tú ibas apresurado. Yo "hacía hora", pero tenia un lugar a donde llegar a "hacer hora".
Me hubiese gustado acompañarte, me hubiese encantado ir contigo, tan sólo verte hacer tus trámites. No pude, no tuve el valor.
En dos minutos nos estábamos despidiendo.
- Un gustazo verte - apenas dijiste.
- ¡Fue un gusto!
Otro beso en la mejilla y un "cuídate" salió de mí.
Estabas a punto de cruzar la pista, esperé tranquilamente, me pregunté si de verdad quería verte y si quería que me vieras. Entonces, firmemente me dije: SÍ, claro que quiero verlo, definitivamente SÍ.
Cruzaste la pista y yo te esperaba para darte un abrazo, queria extender mis brazos y apachurrarte, pero llegaste a donde yo estaba y...te di un beso en la mejilla y un simple "hola" salió de mis labios. Mis brazos se desaparecieron.
Hasta ahora me pregunto porqué no pude abrazarte. ¿Temor?, es la respuesta más cercana, pero la más tonta también, pero sí, creo que fue temor, temor a que tú no respondieras ese abrazo, temor a que no te diera tanto, gusto como a mí, vernos después de tanto tiempo.
- Es el destino - dijiste sonriente.
- Sí, quizás - respondí, aunque yo no creo en el destino.
Tú ibas apresurado. Yo "hacía hora", pero tenia un lugar a donde llegar a "hacer hora".
Me hubiese gustado acompañarte, me hubiese encantado ir contigo, tan sólo verte hacer tus trámites. No pude, no tuve el valor.
En dos minutos nos estábamos despidiendo.
- Un gustazo verte - apenas dijiste.
- ¡Fue un gusto!
Otro beso en la mejilla y un "cuídate" salió de mí.
jueves, 17 de marzo de 2011
Yo confieso...culpable, pero ¡feliz!
Cuántas ganas de llamarte, cuántas ganas de mantener esa conversación que siempre quise tener contigo, que a veces iniciabas, pero que tímidamente yo rechazaba, aunque me moría por hablar del tema, me moría por decírtelo, pero nunca pude. Nunca pude aceptar tus acusaciones, esas que dejabas ofreciendo una prueba indiciaria contundente. Hasta quise denunciarte por calumnia, pero cuando me sometieran al detector de mentiras sabrían que yo era culpable, sabrían que tus acusaciones siempre fueron ciertas.
Detestaba tanto que me acusaras con tanta certeza, pero ahora que ya no te oigo hacerlo, extraño tu voz, extraño tu antipático ego.
Sé que no te volveré a ver. Aunque siempre te escucharé, quizá en otra persona, quizá en otro rostro, tal vez...en otra voz.
Me sigo imaginando tu cara si yo hubiera aceptado mi culpabilidad frente a ti, si le hubiera dado crédito a tus acusaciones. ¿Qué hubieras dicho? No, no quiero saberlo, nunca quise que me lo dijeras, por eso nunca te dije que sí era culpable. Siempre fui culpable, desde antes que me acusaras, yo ya era culpable. Y, creo que, aún lo sigo siendo.
Me acojo a la confesión sincera, a la colaboración eficaz, a lo que quieras, pero no me dés ningún beneficio penitenciario. Me declaro culpable. Merezco la condena que me corresponde. Según las leyes de mi corazón, sería cadena perpetua a tu lado.
No, sé que no me condenarás, aunque tanto quisiera, sé que no. Por eso callé todo este tiempo.
Por eso, ahora sigo libre, y seguiré así. ¡Libre!, ¡feliz!, sin ti.
Detestaba tanto que me acusaras con tanta certeza, pero ahora que ya no te oigo hacerlo, extraño tu voz, extraño tu antipático ego.
Sé que no te volveré a ver. Aunque siempre te escucharé, quizá en otra persona, quizá en otro rostro, tal vez...en otra voz.
Me sigo imaginando tu cara si yo hubiera aceptado mi culpabilidad frente a ti, si le hubiera dado crédito a tus acusaciones. ¿Qué hubieras dicho? No, no quiero saberlo, nunca quise que me lo dijeras, por eso nunca te dije que sí era culpable. Siempre fui culpable, desde antes que me acusaras, yo ya era culpable. Y, creo que, aún lo sigo siendo.
Me acojo a la confesión sincera, a la colaboración eficaz, a lo que quieras, pero no me dés ningún beneficio penitenciario. Me declaro culpable. Merezco la condena que me corresponde. Según las leyes de mi corazón, sería cadena perpetua a tu lado.
No, sé que no me condenarás, aunque tanto quisiera, sé que no. Por eso callé todo este tiempo.
Por eso, ahora sigo libre, y seguiré así. ¡Libre!, ¡feliz!, sin ti.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)