domingo, 30 de enero de 2011

Vuelves...

Hoy volviste, te sentaste a mi lado y tomaste mi mano. Sentí un frío correr por mi brazo, lentamente se iba desplazando hasta mi mente, mi mente que se pierde en tu existencia, mi mente que anda pegada a ti, sin que tú estés con ella.
Me dejaste volar por un momento y abrazaste mi soledad con tu mano.
En ese momento te entregué todo de mí y te lo llevaste. Mañana me preguntaré, cuándo me lo devolverás, aunque no puedo negarte que no quiero que me lo devuelvas, pero no sé si tú quieras quedártelo, no sé si quieras quedarte.
Quizá te irás otra vez. Y no te detengo, pero regresa, siempre, regresa. Vuelve a mi lado, siéntate un momento. Yo disfrutaré ese momento y lo recordaré siempre. Viviré de recuerdos, pero viviré contigo, pues tu presencia siempre estará conmigo, aunque tú no estés aquí.
Ya volviste. Ya sé que vuelves para irte y te comprendo y sigo esperando tu próximo regreso.

miércoles, 26 de enero de 2011

Sucedió esta tarde...

Una chica está en cuclillas en pleno óvalo papal, hay un maletín a su lado, de esos que llevan las ejecutivas, pero que no va muy bien con la chica porque va con una ropa muy relajada.
Me llamó mucho la atención verla, ¿quién se sienta en cuclillas en pleno óvalo papal? Sí, puede ser para amarrarse los pasadores del zapato o zapatilla. Veo su pie, y, efectivamente, veo su pie, no lleva zapatos cerrados sino unas sandalias.

Iba caminando preocupada, pensando en las cosas que debió hacer hoy y que no hizo, lo que no debió hacer hoy y ya lo hizo, en las cosas que tendrá que hacer mañana y quizá tampoco hará y también pensaba en las que sí hará.
Caminaba a su destino, la universidad, pero antes debía hacer escala yendo a visitar a una alta ejecutiva de una empresa no muy importante. A dos cuadras del óvalo papal, allí estaba la empresa. Terminó su visita y se dirigió a la universidad.
¡Plum!, ¡plum! "Normalmente mis sandalias suenan cuando camino", pensó, "pero no suenan tan fuerte".
Miró para ver qué pasaba, quizá, como le había pasado antes, se había pegado una piedrita. Quizá, era alguna otra cosa.
Miró, mientras seguía caminando, sus sandalias. ¡Noooooooo! - pensó.
Miró su reloj, vio que le quedaban menos de diez minutos para llegar a la universidad y pensó que no podría hacer nada. Pensó en no hacer nada. Tenía un trabajo que presentar a las cinco de la tarde, por lo que debía llegar a la universidad "como sea". Y así lo decidió.
Pasados dos segundos, ya no era muy fácil caminar.
Se iluminó el día, un rayo de sol cayó justo encima de un letrero: Supermercados METRO.
Ok, entraré, compraré y soluciono mi "problemita".
Ya no era fácil seguir caminando. Salió y ya el problemita iba haciéndose más grave. "No podré llegar hasta la universidad. Debo arreglar esto ahora mismo".
Tuvo que detenerse, quedarse en cuclillas y solucionó el problema parcialmente.
Fue cuando la vi. ¡Vaya! Esas cosas que nos pasan a las mujeres.

martes, 25 de enero de 2011

snif u.u

Hay una banda de músicos, unas cuantas sillas blancas debajo de un toldo (por si llueve, me imagino). Es de noche y el parque está bien iluminado. El alcalde está llegando, anuncian. Todos llegan, el alcalde les pregunta (cuando todo están formados en fila como niños de primaria) "juráis por la patria...?", a lo que la junta vecinal responde: sí juro.
Realmente feliz por el dicurso de mi padre, presidente de la junta vecinal. Estoy sentada justo al final de toldo y al principio de donde ya no da el toldo, disfrutando de la noche, disfrutando de la música, disfrutando del aire libre y la naturaleza (la flora y la fauna). Es justo en ese momento que la fauna decide manifestarse y un pajarito (quién sabe dónde estaba exactamente) es el representante, el cual deposita su excremento exactamente en mi hombro. ¡¡¡Agggg!!! ¡Ni modo! A limpiar mi blusa y de frente a la lavandería.
Eso pasa en una democracia, cuando todos quieren manifestarse, incluso los animales, mandando a su debido representante.