jueves, 17 de septiembre de 2009

¿Aún existe gente buena?

"La arena nos ataca, parece que nos envolverá en un remolino y ¿a dónde nos llevaría?" Esto iba pensando de regreso a casa, cuando la camioneta venía a 150 km/hora. Mientras mis pensamientos insistían en recordarme el chocolate que hoy comí gratis.
Estábamos trajando en Pacasmayo, es decir, tratando de informar a las personas que estaban cerca al mercado, al parecer algo desocupadas y dispuestas a escucharte todo un rollo con respecto a Osiptel.
Mi compañero estaba informando a una persona, yo esperaba a mi próxima víctima, digo, al siguiente usuario desinformado para hablarle. De repente, se me acerca un hombre de aspecto canoso, llevaba un polo blanco y pantalón de vestir (drill quizás), su aspecto no era de desconfiar, pero me dejó estupefacta. Cuando se me acercó pensé "bacán, quiere que le explique". Pero, de pronto, su sinceridad me sorprendió:

- Disculpe señorita, la verdad es que Ud. tiene un parecido con mi hijita.
"Chévere señor...", pensé. Lo había visto merodear cerca, pero...
Y sacó dos chocolates de su bolsillo:
- No se ofenda señorita, pero es para Ud. y su compañero. Ud. se parece mucho a mi hijita.
"¡Vaya! y dónde está su hijita", pensé, pero no quise meter la pata y sólo dije: "gracias", pero mi cara mostraba sorpresa y desconfianza.
- ¡Que Dios le bendiga! - me dijo cuando se iba.

Wow, aún me pegunto, si existe gente buena. Me doy cuenta que, al parecer, el mundo no está tan perdido. Aún existe gente buena.
P.D.: mi compañero no se sorprendió mucho cuando se lo conté y le di el chocolate, nos lo comimos y no pasó nada, es decir, no nos hizo mal. Y es que en mi desconfianza pensé que podría tener algo el chocolate. Wow. Aún existe gente buena.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Amigo...u_u

Aún me pregunto por el significado de la palabra amigo, y a mi mente viene tu rostro, y también el rostro de él. Muchas veces he pensado si se puede querer a solas, y si no te cansas de hacerlo. Llegué a la conclusión de que se puede, se puede querer a solas, pero llega el día que ya no puedes más, ya no puedes seguir queriendo a solas, porque el ser humano es tan egoísta, que por más que diga que ama sin esperar nada a cambio, no es cierto, siempre uno ama, esperando algo a cambio, al menos un poquito. Y cuando no hay nada a cambio...simplemente, el amor que dabas se desvanece. Se dice que el amor es de dos, y pienso cómo hace Dios para amarnos tanto, si muchas veces nosotros le dejamos de lado y no le amamos.

Sólo sé que aún te amo. No puedo decir que nunca recibí nada a cambio, quizás hubo algo que me diste de ti, quizá fueron sólo las sobras, quizá fue algo verdadero, cómo saberlo, si siempre esperé más.

Me pregunto si te seguiré amando, o si me cansaré de seguir esperando tu amor, tu amistad incodicional.

Mientras tanto aprendo a amar, Dios puede hacerlo, y le pido a Él que me enseñe a amarte con el amor que Él ha puesto en mi corazón: amor puro.

P.D.: yo pienso que el amor no se da sólo entre pareja, sino también en la amistad, además de entre hijo y padre, y hermanos, etc. Y no me cuesta decir que amo a mis amigos (aunque son pocos).

viernes, 11 de septiembre de 2009

Cayó el telón


Me miras. Te miro (de reojo). Mis ojos están atentos al espectáculo (eso parece).
Te miro. Tú me miras (de reojo). Estás atento a la danza. Me pierdo en un punto de tu rostro. No escucho la música, sino la melodía de tu cabello. No existen bailarines, no existe público. Sólo tú, a mi lado.
No sé tu nombre (o no lo recuerdo). No sé quién eres (alguna vez lo supe). ¿De dónde vienes? Me parece haberte visto en un sueño. Pero ahora eres real, siempre lo fuiste.
Terminó la función y me esperaste afuera con una rosa.
- ¿Volveré a verte? - pregunté antes de irme.
Tu silencio dejó una huella en mí. Mi silencio no me dijo nada. Me di media vuelta y no miré atrás. Mis ojos quisieron llorar, pero mi orgullo les negó esa opción. Me miras. Ya no te miro; nunca más lo haré.
Mañana mis ojos te buscarán, pues olvidarán que ya no me miras. Ellos querrán perderse otra vez en tu rostro. Mis oídos querrán escuchar la melodía de tu cabello. Mis pies querrán dirigirse a aquel teatro; descubrir, otra vez, a aquella butaca que fue testigo de mi amor. Pero ya no estarás. Ya no me mirarás. No te miraré.

Steýfer

viernes, 4 de septiembre de 2009

Mi primera vez...

Ahora veo el ataúd, será llevado al cementerio y todo se habrá acabado. Papá lloró, me pregunto por qué aparentaba frialdad y de dónde sacaba fuerzas, antes de acercarse al ataúd y ver a su padre por última vez.

Mi ropa no es negra, pero sí oscura, no le encuentro el sentido a esa costumbre, no la entiendo.

Las personas lloran, los hijos, los hermanos, la mujer, y los familiares y asistentes. Imposible estar tranquila, mis ojos secos mojaron mi rostro sereno.

La muerte llega y se lleva a alguna persona cercana (o quizás lejana) a ti. Las preguntas que siempre me he hecho es: Primera: ¿y yo qué debo hacer? No me gusta ir y decir: "lo siento", " te acompaño en tu dolor", o cualquier otra frase cliché que no es cierta, es decir, no "siento" que haya muerto esa persona, si ni siquiera, o apenas, la conocí. Sentir que es una mentira y puro compromiso ir y decir eso, nunca lo he hecho. En este caso tampoco lo hice. Alguien se me acercó y me dio el pésame, no me quedó más que decir "gracias".
Segunda pregunta: ¿a dónde se va su alma? esa pregunta es fácil de contestar, la Biblia menciona que existen dos lugares para pasar la eternidad, paraíso e infierno, es decir, vida eterna o muerte eterna. ¿Cómo entro al paraíso?, fácil, aceptando a Cristo como mi Salvador. Reconociendo que es el ÚNICO CAMINO al Padre. ¿Cómo se entra al infierno? A contrario sensu (sentido contrario), rechazando a Cristo.

Mi primera vez en un sepelio, mi primera vez en que alguien me da el pésame, después de que le dijeron "es la nieta".